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A Sahara Sofía Moreno Ruiz, alumna de buen comportamiento.

Durante el pase de lista el profesor pedía a sus estudiantes, para aprenderse los nombres e identificarles a todos, responder con el consabido ¡Presente!, poniéndose de pie en su correspondiente lugar. Varios se hacían los despistados y aprovechaban para bromear simulando levantarse, a lo cual el docente esperaba a que asumieran una actitud apropiada para continuar con el siguiente nombre. Conforme fue avanzando el calendario empezó a distinguirles e identificarles con facilidad, lo cual propició mejoramiento en la relación escolar.

Un vez más, en los últimos meses del año, el pupitre de Sahara estaba vacío. Empezaba a ser recurrente su inasistencia. Al preguntar a los demás estudiantes, si alguien sabría el motivo de la ausencia, se mencionó sobre las reiteradas citas médicas de la alumna.

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Se trataba de una niña cuyo grado de concentración en clase era notable, sus preguntas estaban bien enfocadas a los temas educativos abordados para el grupo. Su voz era diminuta, aunque clara, lúcida y apropiada. Sabía intervenir con oportunidad, consiguiendo la atención de sus compañeros, que a su vez admiraban sus participaciones. Mostraba un nivel intelectual sobresaliente.

En ocasiones las faltas de unos, motivan a otros, al igual que las virtudes manifiestas en un grupo, también estimulan a los demás en la construcción de un ambiente de competencia sana, de colaboración recíproca. En este grupo escolar sucedía lo primero, pues aparte de esta pequeña, se sumaban las ausencias de Cristopher, con prolongados periodos de atención a su deteriorado estado de salud, de Carlos y Emmanuel por situaciones de inestabilidad familiar.

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El maestro empezaba a preocuparle el récord de inasistencia, pues sabía por experiencias previas que, a largo plazo el desempeño académico tomaría una ruta decreciente. La seriación de algunos contenidos académicos empiezan a tener huecos en la comprensión, aparecen lagunas en el dominio de varios temas, la secuencia de contenidos educativos se complejiza y se generan confusiones en las concepciones de la formación científica. Esta niña empezó a perder la solvencia moral ante sus condiscípulos y tal vez la credibilidad ante sus maestros.

Es cierto que hay familias comprometidas con la formación de sus hijos y realizan actividades de reforzamiento académico en casa, asignando un espacio y un horario para la realización de tareas o ejercicios encomendados por los docentes; algunas los envían a cursos diversos a contra turno, en días inhábiles o periodos vacacionales, lo cual ayuda en el afianzamiento de sus aprendizajes. La forma de ser y del carácter de la alumna, reflejaba recibir una atención adecuada de sus tutores.

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El primer elemento de un desempaño con calidad de una persona inicia con la puntualidad, pero necesariamente debe ir acompañada con la asistencia regular a los deberes.
Sarita dispone sólo del próximo ciclo escolar, cuando curse el sexto grado de primaria, para afianzar algunas habilidades y consolidar lo hábitos de estudio, ello le ayudará a afrontar con eficiencia los estudios en la escuela secundaria.

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