Un factor de cambio
Un factor de cambio

Su fama permeó también en la escuela primaria, desde el quinto grado los escolares querían terminar sexto grado para recibir las clases de Matemáticas, de Educación Artística, Física, Química, Lengua y Literatura Española, Orientación Vocacional. Todas esas materias estaban a cargo de la maestra Cruz, en el nivel de secundaria.

En ese poblado había otra escuela y tanto estudiantes como maestros se hacían presentes para ver y, en algún caso, saludar a la maestra quien ocasionalmente salía a la puerta del plantel para despedir a sus pupilos.

Su carácter jovial y lozano cautivaba a quienes tenían la oportunidad de recibir su trato y consejo. Durante los desfiles en las fechas conmemorativas, arrancaba los aplausos espontáneos al paso de su bien organizado contingente. La población entera sabía que los paisajes del fondo de los carros alegóricos, que daban realce a la escena representada, añadiendo colorido y ambientación a los motivos del suceso, eran de su autoría.

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Su estilo como profesora de matemáticas era práctico y pretendía hacerlo sencillo, con una actitud que denotaba facilidad para exponer la clase, lograba persuadir a los alumnos hacia el cumplimiento. Sabía identificar la parte medular de cada tema y en ello concentraba la atención. Organizaba los contenidos de lo simple a lo complejo dando apertura a dudas y consultas, asignando unos cuantos ejercicios de tarea. Invariablemente en la siguiente sesión entregaba revisados los trabajos, haciendo sentir a sus chicos, receptores de una atención especial por sus esfuerzos académicos.

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Los jóvenes más inquietos e indisciplinados guardaban compostura, pues también disponía de un carácter firme. El ejercicio de la autoridad era admitido por el grupo, dada su gran solvencia moral y su laboriosidad a toda prueba.

Sembraba la confianza, en las sesiones semanales de Orientación Educativa, las cuales se desarrollaban en un ambiente de respeto y amabilidad, utilizando esta dinámica: Al inicio del ciclo escolar los adolescentes escribían en una papeleta sus inquietudes y dudas sobre afecto, relación familiar, temas sexuales, temores, prejuicios, escrúpulos, amistad, noviazgo, escuela, expectativas sobre el futuro, etc. En cada sesión compartía sus conocimientos sobre cada tópico, del que surgían más preguntas. Exponía con naturalidad, profesionalismo y buen tino los asuntos más escabrosos, generando un ambiente escolar ecuánime, discreto y respetuoso.

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Ella sabía que el producto de sus enseñanzas quedaría a prueba, hasta que sus muchachos incursionaran en otros niveles educativos, otras comunidades y en su desempeño laboral. Desde el retiro sigue recibiendo muestras de reconocimiento después de muchos años. La semilla de sus enseñanzas quedó sembrada en los sentimientos y en los corazones de las generaciones a su cargo.

Algunos educandos se desenvuelven en contextos adversos o en ambientes poco favorables y prácticamente la escuela es la única oportunidad para cambiar su forma de vida. Pueden lograrlo con el hecho de haber encontrado un buen maestro o una buena maestra dispuesta a apoyarles en el transcurso de su formación educativa y personal.

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