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Los partidos políticos tienen una enorme habilidad institucional para hacer pactos, uniones, coaliciones y frentes para ganar las elecciones; pero no tienen interés en hacer acuerdos a favor de los grandes intereses del país.

Por ejemplo, el momento por el que atraviesa el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) exige de los partidos políticos el compromiso claro, abierto y concreto para que las negociaciones no sean contaminadas por el proceso electoral del año que entra.

Los partidos políticos deben asumir y manifestarlo, que las negociaciones del TLCAN no son, y no deber ser, material para las campañas políticas.

El verdadero peligro del TLCAN no son las negociaciones, sino el hecho de que tanto en México como en Estados Unidos hay procesos electorales y si la negociación se prolonga hasta esas fechas, las cosas, sin duda, se complicarían.

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Ya de por sí, los objetivos de Estados Unidos en la renegociación son complicados: reducir el déficit comercial con México, eliminar la cláusula 29 de la solución de controversias y lograr que México y Canadá modifiquen sus regímenes laborales para que la mano de obra de ambos países sea más cara.

Si además de esos tres temas, que serán la clave de la renegociación, se le suma el hecho de que podría suceder que el proceso brinque el año y se meta en el calendario electoral de México y Estados Unidos, se hace evidente el peligro que corre.

En el caso de Estados Unidos habrá elecciones del Congreso y este órgano es quien aprueba los tratados internacionales.

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Y las elecciones presidenciales en México indican que en un momento dado no habrá quien conduzca el proceso y que el equipo negociador puede quedarse en el limbo de la falta de autoridad porque un presidente se va y el que le sigue aún no llega. Lo ideal sería que la renegociación termine en este año y que en 2018 el único pendiente sean las elecciones.

Pero como es probable que no pase, los partidos políticos deben comprometerse a no usar ni las negociaciones ni el tratado para efectos electorales.

En el momento en que un partido meta a su campaña un apoyo al TLCAN o una descalificación, en ese momento la negociación empieza a arruinarse y el equipo negociador a debilitarse.

Cuando se creó el TLCAN, Estados Unidos estaba en elección presidencial y el Partido Republicano perdió la Presidencia, lo cual condujo a que la llegada de Bill Clinton atrasara seis meses la entrada en vigor del Tratado.

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Hoy por hoy, si los partidos meten al TLCAN a sus campañas políticas se corre el peligro de que el Tratado se acabe y que Trump haya cumplido uno de sus sueños, sin necesidad de mover un dedo, sólo gracias al nulo alineamiento de los partidos a los grandes objetivos nacionales.

México necesita que sus políticos diferencien sus ambiciones de poder, legítimas sin duda, de aquello que debe ser apoyado por todo porque significa beneficios para el país.

Por eso se necesita que haya compromiso abierto y expreso de que el TLCAN no será parte de la campaña política del año que entra.

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