CREDO INMIGRANTE

Creo en Dios todopoderoso, que
guió a su pueblo en el éxodo y en
el exilio, el Dios de José en Egipto
y de Daniel en Babilonia, el Dios
de los extranjeros y los
inmigrantes.

Creo en Jesucristo, un galileo
desplazado, que nació lejos de su
pueblo y su hogar, que tuvo que
huir de su tierra con sus padres
cuando su vida estaba en peligro;
quien, al volver a su propio país,
tuvo que sufrir la opresión del
tirano Poncio Pilato, siervo de un
poder extranjero. Fue perseguido,
golpeado, torturado, y finalmente
acusado y condenado a muerte
injustamente. Pero al tercer día,
este Jesús menospreciado
resucitó de la muerte, ya no como
extranjero, sino para ofrecernos
una ciudadanía en el cielo.

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Creo en el Espíritu Santo, el
inmigrante eterno del Reino de
Dios entre nosotros, que habla
todos los idiomas, vive en todos
los países, y reúne todas las razas.

Creo que la iglesia es el hogar
seguro para todos los extranjeros
y creyentes que la constituyen,
quienes hablan la misma lengua y
tienen el mismo propósito. Creo
que la comunión de los santos es
inseparable de la diversidad de los
santos.

Creo en el perdón de Dios,
que nos hace iguales a todos, y en
su reconciliación, que nos
identifica más que nuestra raza,
lengua, o nacionalidad.

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Creo que en la resurrección, Dios
nos unirá como un solo pueblo en
el cual todos son distintos y
parecidos al mismo tiempo. Creo
en la vida eterna más allá de este
mundo, donde nadie será
inmigrante sino que todos serán
ciudadanos del Reino de Dios que
no tiene fin. Amén.

José Luis Casal

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